El Adiós

Por la raja de la cortina

me quedé observándote

(crucificado  por un diluvio interno)

con la esperanza de que te quedaras

 

pero con la certeza de que te irías

por esa aceptación  de destino trágico

forjado en tu raro vientre

que te impide la lucha franca

en el feudo de tu corazón

 

maniatada

entre infranqueables murallas

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